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*Correspondencia: Genaro Vázquez-Elizondo. Email: drgenarovazquez@gmail.com
La gastritis corresponde a un espectro de lesiones de la mucosa gástrica y se caracteriza típicamente por cambios y usualmente erosiones. Con frecuencia condiciona la presencia de síntomas como dolor epigástrico, síndromes dispépticos y en ocasiones sangrado digestivo alto. El término proviene del griego gastḗr gastrós, que significa «proceso flogístico (inflamación/ calor) afectando al estómago». La etiología incluye causas infecciosas (p. ej., Helicobacter pylori), lesiones por fármacos (p. ej., antiinflamatorios no esteroideos), alcohol y enfermedades autoinmunitarias (gastritis autoinmunitaria), entre otras menos frecuentes. El diagnóstico suele incluir la realización de una evaluación con pruebas dirigidas, así como endoscopia superior con toma de biopsias con el fin de estratificar e identificar la etiología. El tratamiento se dirige al agente causal según corresponda en conjunto con el uso de supresión ácida con inhibidores de la bomba de protones o, en contextos individualizados, bloqueadores selectivos del ácido competitivos con potasio. Dado que desde el punto de vista clínico y etiopatogénico la gastritis comparte mecanismos y es indistinguible de la inflamación duodenal (duodenitis), en esta revisión se consideran ambas afecciones desde un punto de vista pragmático y se sintetiza narrativamente un enfoque práctico basado en la evidencia para su abordaje.
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